CUANDO EL BLANCO NO ES UN COLOR

Bastaría leer el título de estas líneas para saber de qué vamos a hablar. Es un tema del que se ha escrito mucho, se debate hoy y se seguirá hablando mañana: la túnica de Nuestro Padre Jesús de la Pasión.

Pero no hablamos de una imagen genérica; hablamos del nuestro. Del Pasión de Salamanca, del Señor de San Esteban.

Nuestra Hermandad Dominicana atesora ya 82 años de historia, y 81 nuestro Titular. Jesús de la Pasión nació junto a Nuestra Señora de la Esperanza con una misión clara: engrandecer la Semana Santa de Salamanca. Desde su concepción, la imagen fue proyectada para portar la túnica blanca. No fue un capricho estético ni una decisión azarosa de unos pocos hermanos; fue una recomendación directa de la Comunidad de Padres Dominicos. Ellos, custodios de nuestras imágenes en el Convento de San Esteban, trazaron ese vínculo cromático con el hábito de la Orden de Predicadores, dotando al Señor de una simbología única.

Desde aquel primer día, Jesús de la Pasión deslumbró en la profunda oscuridad de la madrugada salmantina. Su blancura, que parece cobrar vida propia bajo los primeros rayos de sol del Viernes Santo, es ya un icono de nuestra ciudad.



Es cierto que, bajo una mirada estrictamente litúrgica o academicista, el blanco podría no parecer el color "adecuado" para un Nazareno con la cruz a cuestas. Habrá quien prefiera el rigor del morado o la sobriedad del granate. Sin embargo, por encima de los cánones, debe prevalecer nuestra tradición. Esa memoria visual que nos motiva, la que hemos heredado de nuestros mayores y la que buscamos en su capilla cada vez que queremos encontrarnos con Él.

Este asunto no debería ser objeto de debate, y mucho menos quedar supeditado al gusto personal de un vestidor. Una decisión avalada por ocho décadas de historia no puede ser alterada por criterios individuales cuando el sentir mayoritario de la hermandad —y de la propia Semana Santa charra— es claro: esperamos ver al Señor de la Pasión con su blanca túnica cada Madrugada.



Por fortuna, nuestro Titular posee un rico y extenso ajuar: túnicas moradas, burdeos, azules y rojas, ricas en bordados o de sencilla elegancia. Todas ellas son dignas para el culto diario a lo largo del año. Pero en su salida procesional, el Señor debe ser fiel a su origen.



No olvidemos que nuestro Pasión fue, posiblemente, uno de los primeros Nazarenos en España en romper moldes vistiendo de blanco. Mantener esa distinción no es terquedad; es respeto a nuestras raíces, a los Padres Dominicos y a la esencia misma de nuestra Hermandad. Porque en San Esteban, el blanco no es solo un color: es el reflejo de nuestra historia.

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